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Amar en Tiempos de Estómagos Revueltos


Nada es lo que (nos) parece2013
07
Ene

Nada es lo que (nos) parece

O cómo nos influyen nuestros miedos, inseguridades y creencias en la forma en que percibimos las situaciones. Esta semana me propongo rayarte la vida explicándote que lo que tú vives no es la realidad, sino la interpretación que tú haces de la realidad, tía. Todo es diferente según el cristal con el que se mire.

Por Carlos G. García


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El otro día estaba yo mirando atentamente una de esas cosas con páginas y letras que se denominan libros y de repente vi algo que me llamó muchísimo la atención. Y es que leer es lo que tiene, que uno aprende una barbaridad, de verdad, os lo recomiendo a todos, especialmente si aparecéis en Gandia Shore, en Mujeres, Hombres y Viceversa o alguno de esos programas en los que entre todos los participantes no dan ni para un Graduado Escolar.

Lo que vi y que me dejó totalmente anonadado fue una teoría psicológica la mar de bonita que se llama Terapia Racional Emotiva y que explica que la perturbación emocional de las personas no es creada por las situaciones en sí, sino por la interpretación que hacen las personas de dichas situaciones. Dicho de otra manera, maricón: que tu reacción y tus sentimientos no provienen de lo que te pase, sino de cómo tú interpretas lo que te pasa. Con la cantidad de perturbados emocionales y de gente loca del coño que yo conozco y que son personas reales, con perfiles en el Facebook y todo y andan por ahí por el mundo libres, sin bozal ni nada, ¿cómo no me iba yo a interesar por esto?

Como yo sé que me lee una cantidad de gente inmensa y que puede haber personas que después de las fiestas hayan perdido neuronas como consecuencia de ponerse hasta el culo de turrón y de alcohol de todo tipo (que si vuestros hígados hablaran os estarían llamando ahora mismo "hijas de puta sin mesura"), lo voy a explicar con un ejemplo mundano, de esos que nos pasan a todos. Venga, querida lector, ponte en situación: sábado por la noche. Te encuentras en un garito de mala muerte rodeado de seres tan anodinos e insulsos que estás a punto de vomitar (vamos, que estás asqueado del mundo y a punto de entrar en la fase de drama, también conocida como “oh, my cat: nunca voy a echarme novio. Envejeceré solo y rodeado de mininos que devorarán mi cadáver”). Entonces, como un ángel salvador, y rodeado de atronadoras trompetas y tambores (es decir, están poniendo ese ruido incomprensible llamado reguetón) aparece un maromo hiperbuenorro entre la multitud. Entonces te mira y, a continuación, te guiña el ojo (que no el ojete. No adelantemos acontecimientos). ¿Qué ocurre en ti, en tu interior, en tu ser, que te sujetas a la copa medio vacía (nunca medio llena) con fruición y como si no hubiera mañana para que el recogevasos no se la lleve? Pues según la Teoría Racional Emotiva, todo dependerá de la interpretación que hagas de esta situación. Por ejemplo:



A. Si interpretas que lo que quiere el sujeto es ligar contigo y piensas que se te va a acercar en cuestión de dos canciones, te dedicarás a comprobar que estás presentable y que te has puesto los calzoncillos buenos y buscarás el condón que introdujiste en la cartera allá por el año ochenta y pico, cuando a Sabrina se le escapó una teta en plena actuación, para ver si todavía tiene vida útil. Luego pasarás a devolver miraditas de putita encandilada al sujeto en cuestión para que piense que eres accesible. Otra opción es que te coloques sobre la frente un cartel con la palabra OFERTA en colores tan discretos como el amarillo pollo o el naranja fosforito, para que no haya ningún margen de dudas sobre lo dispuesto que estás a darlo toro, toro y toro y de que llevas es un abrefácil en la raja del culete.



B. Si lo que interpretas es que el sujeto quiere ligar contigo pero espera que seas tú el que dé el primer paso, lo primero que harás será preguntarle a tu amigo qué le parece, con el objetivo de que te dé el visto bueno y no tengas que encontrarte con la papeleta de tener que dar largas al mismo tío al que has estado sonriendo toda la noche desde tu ceguera, desesperación y lejanía (reconozcamos que hay personas que tienen un buen lejos, pero muy mal cerca, igual que hay quienes tienen un buen ir, pero un muy mal venir). Entonces aclararás la voz y pensarás alguna sucia estrategia de acercamiento en plan “uy, perdona, que te he pisado/que me caigo/que te he metido la lengua dentro de la boca sin querer/que me acaba de dar un ataque de asma y necesito utilizar tu pene como inhalador, es una cuestión de vida o muerte” o la más directa y mucho menos sutil “tengo una erección del tamaño de tu boca”. Como esto no lo vas a hacer hasta que no tengas un nivel de inconsciencia considerable, te beberás de un trago lo que queda de tu copa y pedirás otra que consumirás en 0'2 segundos para a continuación agitar la cabeza desmesuradamente y realizar círculos concéntricos en medio de la pista de baile con la intención de que el alcohol suba más rápido y tu sentido del ridículo tenga menos importancia que la alegría en las canciones de Conchita.



C. Si interpretas que el sujeto efectivamente te ha guiñado el ojo pero que no lo ha hecho con verdadero interés por ti, sino porque normalmente le guiña a cualquier cosa que tenga pantalones con la intención de subirse la autoestima causando reacciones (ergo, se engorda la polla luciendo palmito y calentando al personal), te harás el chulito y no lo mirarás más que de reojo, haciendo como que no te ha importado lo más mínimo. De esta forma, intentarás ser natural pero, al mismo tiempo, tratarás de demostrar lo bueno que estás, en plan “pues yo más que tú”, y bailarás la canción que suena en ese momento moviendo exageradamente las caderas y el culo al más puro estilo “Beyoncé entripada” o lo que se conoce como el síndrome de “Qué pasaría si Shakira fuera hiperactiva”, hasta que el portero te eche del bar por haber montado un espectáculo digno de haber sido filmado y haber sido incluido en un curso práctico titulado “Lo que nunca se debe hacer cuando pretendes conservar la dignidad” y que debería sacar Planeta Agostini un año de estos en vez de tanto coleccionable de mierda.



D. Si tu autoestima es traicionera y la tienes por los suelos, es probable que pienses que el sujeto no te ha guiñado el ojo a ti sino al que se encuentra detrás, así que no le darás demasiada importancia al guiño. Pero como siempre queda la duda, el maromo está de muerte y te aburres como una ostra, tenderás a hacer pequeños estudios del individuo mediante miradas esquivas y disimuladas que pueden devolver la falsa impresión de que tienes manía persecutoria o de que estás estreñido desde hace seis meses. Es muy probable que el tipo termine acercándose decididamente hasta la baldosa en la que te encuentras y te diga al oído con una dulzura inconmensurable:

”¿Tú eres mema o es que de pequeño te caíste de la cunita, nena?”.


E. Si piensas que el sujeto está demasiado bueno para fijarse en alguien como tú y que, en realidad, lo único que pretende es que le invites a una copa a cambio de unos besitos, no lo dudarás ni un solo instante y rebuscarás las monedillas en el bolsillo mientras piensas que la dignidad está sobrevalorada y que siempre es mejor eso que pagar a un chapero o aguantar a la idiota de la amiga cristiana de tu amigo; la misma que se ha apuntado espontáneamente a vuestra marcha y la misma no deja de hacerte preguntas sobre si los maricones pasivos son los que se visten de blanco y se ponen el velo en una boda gay y si los familiares y amigos, en lugar de tirar arroz, se arrojan nabos maduros sobre las cabezas de los recién casados. Y, unos besitos son unos besitos. No se pueden desperdiciar y menos en noches tan frías como las de enero.



F. Si imaginas que el sujeto puede ser el amor de tu vida, entonces tenderás a trasladarte a un mundo de fantasía en el que el guiño ha significado una confesión de amor para siempre con petición de mano a tus padres incluida y un juramento sobre el Like A Prayer de Madonna sobre que seréis amantes para siempre, adoptaréis a un regimiento de niñas chinas y os trasladaréis a una isla desierta para ser felices el uno sobre el otro mientras construís un refugio de madera contra el frío y recolectáis cocos y hierbas silvestres a modo de alimento (aunque con vuestro amor incondicional no hará falta nada de eso, os alimentaréis única y exclusivamente de cariño y pasión). Por eso te transformarás en uno de los protagonistas de El Lago Azul, se te pondrá cara de lerda y creerás firmemente que saldrás del pub con una alianza sobre tu dedo anular.



G. El guiño te la trae el fresco porque resuelves que es más que probable que el individuo no sea más que otro gilipollas de tantos que se te cruzan en el camino para hacerte la vida más difícil y que seguramente te tratará con la punta del pie para hacerse el guay. Entonces sacarás uñas y dientes y prepararás un repertorio de frases para responderle en el caso de que decida iniciar el proceso de flirteo y que variarán entre el “desearía ser tan delgado como mi paciencia con los gilipollas como tú” y “me gustaría invitarte a una copa de vete a la mierda”.


Como veis, queridas lectoros, se pueden hacer interpretaciones muy diversas y la mayoría erróneas, ilógicas, irracionales y disfuncionales que nos hacen comernos la cabeza y albergar pensamientos en contra de la realidad y de lo que es mejor para nosotros. Nuestras inseguridades, miedos y creencias nos influyen hasta el punto de montarnos una película en nuestra mente que algunas veces tiene muy poco que ver con lo que sucede en el mundo real.

Y es que, en la mayoría de las ocasiones, pocas cosas son lo que nos parecen. De hecho, al final el tío del ejemplo sólo estaba guiñando porque tenía un tic en el ojo. Hay que ver, tía, que paranormal es todo.



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Buenísimo, me siento identificado.
Concuerdo completamente.

Por adriansagra - 07/01/2013 1:35

Toda la razon del mundo y mas de uno tendriamos que aprender de este articulo.
simplemente muy buen articulo.

Por pua - 07/01/2013 20:16

Mi respuesta sería o bién la D. Si tu autoestima es traicionera y la tienes por los suelos, es probable que pienses que el sujeto no te ha guiñado el ojo a ti sino al que se encuentra detrás, o bien la E. Si piensas que el sujeto está demasiado bueno para fijarse en alguien como tú y que, en realidad, lo único que pretende es que le invites a una copa a cambio de unos besitos.

Y en ámbas me haré el digno, intentando demostrarle que para reinona yó, y qué él no me interesa lo más mínimo y así de esa forma otro día más me volveré a ir mas solo que la una a casa.

Por eduardocs - 08/01/2013 21:29


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