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Amar en Tiempos de Estómagos Revueltos


Psicópatas2012
09
Dic

Psicópatas

Individuos que pululan por el mundo y que están absoluta y completamente tarados: te espían, te amenazan con cortarse las venas, te llaman a las 4 de la madrugada y gimen… Esas cosas normales y tan chachis que hace la gente por amor, tía.

Por Carlos G. García


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Hay una cosa que yo hago muy a menudo. No, a pesar de lo que esos señores del Foro de la Familia piensan, no es un bukkake (esto solo toca los martes y los jueves). Lo que yo hago con frecuencia es hablar con mis semejantes. Pero escuchándolos y todo, ¿eh? Nada de poner el salvapantallas de peces de colores.

Pues bien, practicando el arte de escuchar las historias de amor (coñazos, porque las de algunos de vosotros son un coñazo, alguien tenía que tiraros esta mierda a la cara y aquí estoy yo para hacer una labor social), te das cuenta enseguida, antes de que se corra un eyaculador precoz, de que en esta vasta tierra llena de maricones en la que habitamos hay una cantidad enorme de personas locas. Yo ya lo he dicho muchas veces (la mayoría con un gintonic en la mano): la senda de la vida está llena de gente loca del coño. Los bares de ambiente son como el Zara Taras: cantidad de prendas aparentemente la mar de monas pero que en cuanto estudias un poco más detalladamente y sin copas dejan ver que tienen un par de ladrillazos dados.

A vosotros, queridos lectoras, que andáis despreocupadamente por el mundo tratando de hallar al amor de vuestra vida y de vivir una historia digna de película de Meg Ryan, os lanzo este artículo sobre esos seres que pululan por ahí y que están peor que Pocholo en una convención de mochilas. No evitéis Internet, no evitéis los cuartos oscuros, no evitéis los callejones solitarios de noche porque todo será en vano. ¡Están en todas partes!

-El psicópata que te llama a las 4 de la madrugada con número oculto. Este es un clásico. Si no has tenido a algún perturbado que te llama desde número desconocido y empieza a gemir o a respirar fuerte dando a entender que se la está machacando con las dos manos y los ojos vueltos, no eres nadie. A mí, de hecho, me ocurre unos 9 días a la semana y todos son psicópatas distintos (gimen diferente, eso se nota, tía). Este tipo de personas tienen un problema: no es que estén enamoradísimos de ti, ni obsesionados con hacerte una ampliación de ojete; es que no pueden dormir porque se han desvelado viendo el programa de Iker Jiménez o porque se han echado una siesta muy grande por la tarde. Ya sabes que una paja relaja, y para paliar la soledad nada mejor que llamarte a ti para que los acompañes en esa ardua tarea consistente en sacarle brillo al cetro. Por eso, a mí cuando me llaman de esta guisa, lejos de angustiarme, asustarme, indignarme o excitarme, lo que hago es animarlos, deshacerme en vítores cual cheerleader. Les digo: “Venga, picha de oro”, “tú puedes, ánimo”, “vamos, dánoslo todo”, “tu público te queremos”, “el mundo conspira para que tus sueños se hagan realidad”, “al cielo con la lefa”, “¡Rabo, rabo!” (en lugar de "bravo"), "dame una P, dame una A, dame una J, dame una A... PAAAAAJAAA" y cosas así. Antes de colgar me dan las gracias y todo.

-El psicópata que te jura amor eterno a los cuatro días de conocerte pero que dos semanas más tarde te deja. Porque los sentimientos cambian, tía, el amor es efímero. Y lo peor es que te deja para volver con su ex, contra el cual despotricaba de manera desaforada y del que te contó auténticas barbaridades. Aunque lo más fuerte es que te dice que podéis ser amigos, que no te quiere perder, e incluso te quiere presentar a su ex. “Quedamos para cenar y así le conoces, que es muy importante para mí ahora que vamos a ser taco de amiguis”. Claro que sí, mujé, y ya si eso para terminar de rematar mi dignidad me desnudáis, me hacéis tomar una caja de Viagra, me escribís en la frente la palabra “puta” y me atáis a un poste en la carretera de circunvalación. Ya verás qué risas.

-El psicópata que conoces por Internet y que cuando vais a quedar, cancela la cita a última hora. Tú conoces a un maromo a través de las técnicas del siglo XXI (zorreando por Internet, básicamente) y tras varias conversaciones consistentes en palabras que se juntan para formar frases o, llanamente, en fotos de tu polla, llega ese ansiado momento en el que propones:

Oye, ¿y si dejamos de hacer el panoli y quedamos para tomar un café/ follar como si tuviéramos la obligación de repoblar la Tierra tras un ataque nuclear de proporciones catástroficas?

Él acepta encantado. Entonces tú te pones mono (es decir, te colocas los calzoncillos limpios, lo único de marca que tienes) y justo diez minutos antes da la hora acordada te llega un eseemeese:

No puedo quedar porque me ha surgido una urgencia: mi maceta de geranios está deprimida y tengo que hacerle una sopa de pollo con fideos y ver con ella un capítulo de Anatomía de Grey para animarla. La pobre, lo está pasando supermal. Hablamos y quedamos otro día. Besis.

A ti se te queda cara de panoli, claro, y te vuelves a casa con las pelotas llenas de amor. Pero lo que más te gustará será cuando esto te pase seis veces con el mismo tío. Ningún experto ha encontrado todavía la razón de la satisfacción que encuentran estos señores (también conocidos como hijos de mala madre) al cancelar sus citas a última hora. Mulder y Scully todavía andan investigando por qué gente que se hace un perfil para follar, decide quedarse en casa a última hora.

-El psicópata que te intenta meter boca 157 veces. Se trata de ese tipo de pesado que hay en todos los bares y que se rige por el principio de “cuanto más me haces la cobra más se me alegra la anaconda”. Que digo yo, que a lo mejor es que no se han dado cuenta de que eres el mismo todo el tiempo. ¿Qué clase de golpe se han dado en el cerebro al caerse de la cunita cuando eran pequeños que de mayores les hace pensar que si hace diez minutos les has dicho que preferirías hacértelo con un charco de vómito de la calle antes que con ellos, ahora, de repente, por obra y gracia del coño de mi prima, vas a estar dispuesto a juntar su hocico con el suyo? Cariño, vida mía, cielo, entiendo que soy irresistible, pero ¿por qué no te vas y le intentas comer el boquino a otro maricón cuya capacidad de sentir repulsión hacia tipos como tú haya sido anulada por algún tipo de trauma infantil? Gracias.

-El psicópata que tras cortar la relación, te espía. Esto es muy moda. Mucho más allá de eso de cotillearle el Facebook a tu ex (que es algo muy común) esto va de seguir a tu ex a todas partes y/o crearte un perfil falso. Todo para sonsacarle información y saber si están ya con otro. Joder, fíjate, qué fuerte, ¿eh? Que tu ex prefiere dedicar sus esfuerzos a pasar página y a ligar con otros que a hacerte la vida imposible. ¡Será puta! ¡Qué se habrá creído el anormal ese! ¡Vamos, hombre! ¡Cuando lo natural es ser un psicópata y obsesionarte cual perturbada! Que digo yo que con la cantidad de cosas que uno puede hacer para entretenerse (un Sudoku, jugar al Apalabrados, aprender swahili, fabricar collares de anacardos...), ¿por qué, zeñó, por qué?

No obstante, muchos psicópatas se niegan a espiar y lo que hacen es convencer a un amigo para que lo haga, que es de estar mucho menos zumbado de la olla, donde va a parar. En este caso se recomienda dejar el siguiente mensaje en algún sitio para que lo puedan ver: “vete a la mierda. Y si tus amigos son como tú, que se vayan a la mierda también”. Mano de santo.

-El ex que quiere volver contigo y que te amenaza con el suicidio, rollo “mira que como no vuelvas conmigo me corto las venas con esta cucharilla oxidada que tengo aquí del café que me acabo de tomar. ¡Qué estoy mu’ loco!”. Cari, si te pasa esto, desde esta columna te recomendamos dos cosas: la primera es que te tomes un par de botellas de tequila a mi salud. La segunda que le respondas:

—Mira que te diga… que esta tarde me viene muy mal porque tengo que comprarme unos leotardos, que mejor que te suicides mañana de cuatro a seis, que tengo un hueco en la agenda, aquí, justo donde dice "cosas que me importan un coño frito”.

Como veis hay muchos tipos de locos, son muy variados y pueden llegar a hacer cosas espectaculares que dejarán vuestra fe en el género humano bajo mínimos. Os advierto desde ya que para lidiar con ellos hay que echarles paciencia por un tubo porque viven en un mundo paralelo donde "empatía" es una marca de perfume. Eso sí, no los toméis muy en serio, porque al final lo que ellos pretenden es, en definitiva, volveros locos a vosotros. Y mira, con lo mala que está la vida, la cosa no está para aguantar gilipollas. Regaladles un libro de Jorge Bucay y que les roben la paz mental a sus putas madres. Así de duro.



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!ojito con los psicópatas¡ pues esos no te meten la polla, bueno sí que te la meten pero luego te meten unos cuantos navajazos entre otras aberraciones, yo más bien clasificaría a esta gente de chiflados.
Y es bueno tener un chalado en tu vida, por lo menos te rompen la monotonía y te dan vidilla y si esta buenorro mejor que mejor.

Por tseo - 10/12/2012 14:31

Me encantas, cada vez qeu escribes me parto de larisa!! Eres unico y espcial! Gracias por alegrarme los dias!!!
Por afre - 15/12/2012 19:21


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